Lecturas

No hay tiempo.

Me faltan las manos, los ojos

que un día vieron, que un día tocaron.

Escucho el sonido ensordecedor:

tic, tac, tic, tac

Te anuncias así, tan de soslayo,

que es imposible pasar y no mirarte,

¡Ah! ¡qué no daría yo por acariciar tu torso entre mis sábanas!

Por beber de tus mieles,

dulce derrota.

Encontrarme en ti para no saberme sólo.

Te echo de menos, ¿sabes?

Pero aguardas en silencio sin decir nada.

Escucho de nuevo el castigo.

¿Cómo aceptarlo?

No tengo tiempo para otro libro.

 

 

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